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jueves, 18 de abril de 2013

PREPARANDO EL FUTURO



Cuando hablamos con nuestros jóvenes, nuestros hijos e hijas, siempre tratamos de concienciarles que tienen que preparar el futuro, su futuro, aquello que les dará bienestar cuando alcancen nuestra edad. Supongo que llegado un momento de la vida nuestro cuerpo, de forma espontanea, nos convierte en mayores, adultos, y eso hace que estemos favorables a dar consejos a todos aquellos que quieran aceptarlos.
La pregunta del millón es si nosotros, cuando éramos mas jóvenes, teníamos claro cómo íbamos a ser o actuar en la penúltima etapa de la vida. Considerando penúltima aquel periodo que va desde la jubilación, más o menos forzosa, de las obligaciones contraídas con otros para la consecución de un salario, hasta el momento en que llega la senectud anunciando la muerte próxima. No estando muy de acuerdo con la definición de senectud por la Academia, que la nombra como el periodo después de la madurez, yo me la imagino como el abuelo Cebolleta, con gota, bastón, achaques y demás teclas esperando el fin.
Todo este preámbulo tedioso viene a cuento porque, pensando, me he dado cuenta que todos los elementos que conforman mi persona, es decir, mis órganos fisiológicos, no tienen todos el mismo desarrollo, unos por el uso y otros por el mal uso, no van a la par con la edad cronológica misma. Somos como un rio, en su nacimiento con poco agua, después va aumentado el caudal y se hace grande y caudaloso, alguna vez sus aguas caen violentamente en una cascada, otras veces se hace amplio y encuentra a su paso algún islote con vegetación, al que acaricia con cierto cariño, luego se estrecha y recibe otras aguas que lo revitalizan, vuelve a hacerse tranquilo y bello, y por fin, llegando al final de su recorrido, desemboca en un mar desapareciendo todo su ser al confundirse con otras aguas. Esto es la vida.
Comprendiendo este símil, ahora estamos en una etapa de profunda creatividad, aunque ciertas partes de nuestro cuerpo no estén para muchos trotes, otras, entre las que está nuestro cerebro, todavía están sanas y plenas de actividad, áreas que no han sido requeridas y que todavía vírgenes nos pueden dar mucho juego, y eso es lo que siento ahora.
Creatividad sin prisas ni rentabilidad, eso es lo bueno. Hacer las cosas como gustan y en el momento justo que gustan. Dejarlas cuando indiquen dedicación plena y agobio. Solo aquello que te da satisfacción y tranquilidad de lo bien realizado es la meta.
Estamos en la época donde los sentidos están más alerta, la música, la pintura, la lectura, la contemplación de un paisaje, una conversación agradable, una amistad entrañable valen más que cualquier valor económico.
Mas todo esto, con ser muy bueno por todo lo que significa, para mí hay algo que si es realmente importante, y es la ilusión y el proyecto, aunque este no se realice nunca. Trataré de explicarme con un ejemplo muy simple. No os ha pasado nunca que, organizando un viaje o una excursión, habéis disfrutado tanto o más, en su montaje que en el viaje propiamente dicho. Como aquel investigador de un proyecto que al final no se consigue el fin.
Disfrutar del proyecto o la ilusión es lo realmente importante.
Esto es lo que me parece primordial para esta época de mi vida, mi cerebro siempre trabajando en cosas aunque nunca se lleguen a realizar.